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Habrá  que decidir cómo entrar. Habrá que decidir cómo enfrentar el mar o incluso las tormentas de arena que también se presentan en las orillas de nuestra vida. Digo “orillas” porque no es sólo una.

Haruki Marakami en su libro Kafka en la orilla, escribe lo siguiente:

“A veces el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta, también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes  hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí sólo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta”

El mar exige su tiempo, un tiempo no apurado. Toda experiencia filosófica necesita del mar para rebelarse de las orillas (o certezas) y así, poder descubrir los infinitos matices del mar.

Gabriela Geraldina Da Re

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