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El jardín de la filosofía

Voz: Lorena Piñeiro
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Daniel H. Corbella
El jardín de la filosofía - 1
Córdoba - La Cumbrecita 2016

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Daniel H. Corbella
El jardín de la filosofía - 2
Jujuy - Barro Blanco 2017

 

La floración representa un proceso de crecimiento, un tiempo en el que las flores se abren y sorprenden con brotes repentinos. En este sentido la filosofía imita a la naturaleza y, quién trabaja en el jardín, sabrá que cada flor tiene su propio tiempo. Algunas crecen lentamente en la incertidumbre, y otras con menor exigencia, despliegan su belleza deprisa o con cierta impaciencia.

Hacer filosofía es enriquecerse de tiempo, acallar el ego, prepararse para lo imprevisible, reverdecer, despertar de un duro invierno e incluso generar vida en lo inhóspito.

Dice Byung –Chul Han, en Loa a la tierra: “Resulta interesante que algunas flores, después de haberse marchitado, inicien una segunda floración. Me gustan esas flores rezagadas”.

Hacer filosofía es tener la capacidad de demorarse ante las cosas y quedar disponible ante ellas. Es aprender a suspender los imperativos, cuestionarlos y someterlos al murmullo de la diversidad del jardín.

Se podría decir que el jardín y la filosofía tienen en común una cierta forma de cuidar o curar. El jardín invita a empatizar, a llamar a cada flor por su nombre, a recuperar la singularidad, a visibilizar señales de vida en una naturaleza que es compleja y contradictoria.

Trabajar en el jardín es también hacer filosofía con las manos. Tanteamos para conocer, para intervenir y para crear. Pero quizás, el movimiento más noble de la mano sea el de acariciar. La caricia es íntima, revela nuestra interioridad y tiene como condición la lentitud que resiste a la fugacidad y superficialidad de los tiempos fuera del jardín.

Trabajar en el jardín es vivir una vocación de sembradores, nutrir la tierra para vislumbrar qué tan fértil es nuestro pensar y sentir en el mundo. Curiosamente, algunos cultivadores sensibles, logran que en su jardín crezcan flores esquivas o resistidas.

Trabajar en el jardín es penetrar en la vida, asombrarse ante el retoño florecido, resguardar tiernamente el aparecer y el evanecer de cada brote.

Trabajar en el jardín es apostar a un mañana, aunque el mundo se encuentre exhausto, o incluso porque lo está.

                                

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Gabriela Geraldina Da Re

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