Caminos

Daniel H. Corbella
Caminos
Jujuy - 2015
Quizás la metáfora más significativa del camino esté asociada a la vida, lo que nos permite pensarnos como itinerantes en nuestra condición humana.
Nos es propio estar en movimiento, y en ese andar, buscamos sentidos que sostengan nuestro peregrinaje por el mundo.
Los más clásicos, van como tironeados de un carro, esperando que el camino se bifurque, siendo su misión escoger aquel que conduce a la verdad.
Los metódicos, son expertos caminantes que se aseguran hallar evidencias suficientes para evitar la confusión.
Los creyentes, buscan las vías necesarias para demostrar la existencia de Dios. Se saben amparados aún en el desasosiego, y en su condición de errantes, esperan trascender el camino.
Otros, encarnan el camino evitando que la racionalidad limite el dinamismo existencial. Buscan claros en el bosque, donde se pueda reposar antes de proseguir la marcha, teniendo absoluta conciencia que pasean alrededor del abismo.
Hay caminos que son asignados y resignados, que cargan con la identidad del destino trazado. No hay recorrido. En ellos, se da un estar ocasional, un extravío interno incapaz de iniciar cualquier viaje.
Personalmente, me atrae la actitud de los baqueanos que mantienen abierto el horizonte para continuar la andanza, que no requieren caminar ya, con sandalias usadas y asumen el riesgo de salirse del camino e incluso, se saben perdidos en parajes conocidos. No se trata de una concepción meramente deambulatoria, sino de un modo de andar por el mundo, de habitarlo como si fuera por primera vez...
