Mañana

Daniel H. Corbella
Mañana
Costa Azul - Uruguay 2019
Una de las tareas de la filosofía es desenmascarar la más grande de las ilusiones, aquella que es el resultado de un largo error y a la que llamamos verdad.
Para los griegos las cosas simplemente se muestran, salen del orden común y están ahí para ser aprehendidas por un sujeto. A este proceso de des-ocultamiento se lo conoce como aletheia, que significa “sin velos”. De ahí, que usemos palabras tales como: develar, revelar o descubrir cuando nos referimos a la verdad. Se trata de correr la cortina de las apariencias para acceder a una visión total y descifrar lo encubierto. Supone decir de lo que es, qué es; y de lo que no es, qué no es.
Pero el pensamiento moderno puso las cosas patas para arriba y abrió una nueva dimensión para pensar la verdad. Así es como construimos un relato en base a interpretaciones que encajan (o no), dentro de un momento histórico. Podríamos decir que nos aproximamos a la verdad calidoscópicamente, y algo decimos sobre ella.
¿Y si lo que creemos verdadero es sólo una mentira bien contada y por ello la creemos? ¿Y si el mundo fuera una farsa? Inventamos posibles escenarios para sobrevivir y todo ese edificio conceptual, nos sirve para ordenar o al menos, para tapar momentáneamente algunos agujeros existenciales.
Hemos aprendido a organizar el mundo desde el error y el hecho de que lo sepamos no lo elimina; más bien todo lo contrario. Cultivamos el error porque es la fuerza inventiva, poética y falsificadora que necesitamos para crear y creer.
Uno de los mayores atractivos de la apariencia no es otro que el de parecer real, hacer de la mentira una verdad.
¡Si tuviéramos unos ojos cien veces más penetrantes para lo cercano! Es sin dudas el gran anhelo de la filosofía, pero estamos dentro de una tela de araña y solo podemos captar lo que se deja atrapar.
Qué maravilloso que aun sabiendo que la verdad es un imposible queramos ir tras ella todos los días. Iniciar el juego para romper ciertas reglas que nos permitan volver a empezar, de igual manera que el día inaugura su aurora.
Simulamos para no perecer, inventamos para dejar de ser esclavos de los prejuicios, abandonamos las ataduras acumuladas para esperar los albores de un nuevo día, y así, disponernos a la redención del mañana.
¡Hay tantas auroras que aún no han despuntado!
Friedrich Nietzsche
