Nudos

Daniel H. Corbella
Nudos
Tigre 2014
Para Wittgenstein la filosofía tiene la función de desatar los nudos del pensamiento. Cuando algo nos molesta experimentamos la dificultad inmediata de explicarlo, de ponerlo en palabras. Algo está presente y algo se oculta. Popularmente, cuando esto ocurre, decimos que tenemos un nudo en la garganta o en el estómago. De allí, que un problema filosófico consista en la imposibilidad de decirse o incluso de digerirse.
Las cuestiones filosóficas comienzan con la perplejidad, con cierta incertidumbre que nos deja en puras vacilaciones, balbuceos caóticos que buscan en el decir una forma de resolver los conflictos, de desatar lo que se presenta confuso y engañoso.
Tales cuestiones son atormentadoras “molestias” o “aflicciones intelectuales” y los por qué funcionan como síntomas o alarmas intelectuales que manifiestan cierta intranquilidad o desorden. Wittgenstein compara un problema filosófico con un “calambre mental” al que hay que disolver o desatar mediante la elucidación.
Así se comprende el famoso aforismo que resume su pensamiento: “La filosofía es una lucha contra el embrujo de nuestro entendimiento por medio de nuestro lenguaje. Una persona presa en una perplejidad filosófica se compara a un hombre en una habitación que quiere salir y no sabe cómo, o a una mosca encerrada en una botella”.
Si los problemas filosóficos son una especie de “calambre mental”, habrá que encontrar el origen de tal afección. Buscar entre las palabras y los silencios, una respiración que permita desembrollar la madeja de hilo para luego tejer, desde el lenguaje, el perfecto desorden.
Hacer filosofía es abrirse, pronunciarse y, como dice Alejandra Pizarnik, usar el lenguaje para que diga lo que impide vivir.
En griego; desatar, liberar, aflojar, desligar, se dice lysis, de donde proviene el sufijo de la palabra análisis.
Hacer filosofía es asumir la complejidad expuesta en cada nudo a sabiendas que será imposible desprenderse del padecimiento humano, pero también hacer filosofía, nos permite trascender en cada signo para narrar nuestra propia historia de resurrección.
